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Me han pedido que les hable un poco más sobre el uso
terapéutico del Tarot. ‘¿Cómo es posible que un juego de adivinación pueda
usarse seriamente para tratar problemas psicológicos?’, me preguntaron hace poco.
La dificultad es que muchas personas creen
erróneamente que el Tarot tiene que ver con una mujer con aspecto de gitana adivinando el futuro. Como en aquél famoso comercial que luego se quedó como
chiste: ‘Una mujer rubia te lo está sonsacando’ (al marido). ¡Nada más lejos
de la realidad!
Al margen de su utilización como mancia, el Tarot es un sistema cuya comprensión hemos ido afinando con el paso de los
siglos. Su finalidad es describir los aspectos más significativos y profundos de la vida,
explorar la raíz de las problemáticas que experimentamos durante su transcurrir,
vislumbrar probabilidades con base en las decisiones que tomamos y las circunstancias que vivimos, así como dar
nuevos enfoques a las cosas.
Esto es posible porque sus cartas guardan información clave. Alguien, muy atinadamente lo comparó con el aleph de Borges, ya que es como ese punto que contiene el totus (el todo, el conjunto) de la experiencia humana.
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Desde los grandes escritores clásicos griegos, se sabe que sólo hay un número limitado de
historias que contar, mismas que se repiten tanto en la ficción como en la
realidad. El psiquiatra Carl Gustav Jung por su parte, descubrió que hay modelos universales
que habitan en nuestro interior y los llamó arquetipos.
Ambos, tramas y roles, historias y arquetipos, son
retratados y se combinan con maestría en el Tarot. Miedos, enojos, tristezas,
frustraciones, indecisiones, ansiedades, depresiones, obsesiones, anhelos, deseos
ocultos, potencialidades latentes y en fin que toda la gama de retos
existenciales, se despliegan ante nuestros ojos a través de sus cartas.
Esto las convierte en una excelente herramienta que nos permite ordenar el caos interno identificándolo y poniéndole nombre, lo cual nos permite dimensionar y jerarquizar los problemas, tener claridad en lo que queremos, enfocarnos en los cambios que necesitamos hacer para cambiar el estado de las cosas y acceder a nuevos enfoques de solución.
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Otro de los puntos fuertes del Tarot como herramienta
terapéutica, es que constituye una magnífica vía para llegar al inconsciente,
que reacio a expresarse a través de nuestra parte racional, fluye maravillosamente
cuando nos comunicamos con él a través de imágenes y metáforas.
Lo que a explicar, reflexionar y pensar le llevaría un buen tiempo para llegar al planteamiento adecuado de una problemática psico emocional, el código gráfico-simbólico le acorta notablemente el camino.
Desde luego, es necesario el apoyo de un experto que le de esta orientación y sepa utilizar los recursos precisos y la técnica adecuada, además de poseer los conocimientos necesarios en el área de la psicología y la terapia.
Quien realmente dese solucionar sus asuntos, tiene en el Tarot terapéutico una excelente alternativa. Más allá de la mancia, se trata de un valioso instrumento para desenredar los nudos de la mente.

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