domingo, 5 de enero de 2020

La Bruja, un arquetipo para enfrentar al siglo XXI





Ella representa la fuerza que nos permite mantener el control en el caos   

Olvídate de las imágenes que la muestran besando el trasero al diablo, como una anciana decrépita de nariz ganchuda o rumiando tenebrosos ñacas-ñacas mientras planea la desgracia ajena. Más allá de la absurda mescolanza surgida del miedo, la ignorancia y el sinnúmero de licencias literarias y cinematográficas que la han rodeado, la bruja en realidad simboliza la parte sabia, intuitiva y sincronizada con las Leyes Naturales, que habita en nuestro interior. Nutrirla, hacerla crecer y fortalecerla es empoderamiento puro.

La bruja es un arquetipo. Recordemos que a diferencia de los estereotipos, que son las imposiciones que nos dicta la cultura, los arquetipos son los modelos que habitan en el inconsciente; nos sirven de guías y se manifiestan en nuestros deseos y conductas esenciales.

Dice la escritora y analista jungiana Jean Shinoda Bolen que: "Las mujeres pueden no darse cuenta de los poderosos mandatos culturales que rigen sus vidas y de la misma forma, ignorar las poderosas fuerzas internas que influyen en lo que hacen y cómo se sienten. Cuestionar los primeras y tomar el control sobre las segundas, les hará jugar el rol determinante en sus propias historias". 

Y así como nuestra guerrera interna nos invita a luchar por nuestros objetivos, la madre nos mueve a ver por los demás o la amante nos hace seductoras, la bruja nos vincula con la espiritualidad en su estado más puro. 

En un mundo que copado por el materialismo, la individualidad y la tecnología, nos ha hecho perder el rumbo y correr inútilmente tras falsos señuelos buscando felicidad, paz y sentido de vida, ella es el epíteto de la fuerza interna, la sabiduría heredada, la libertad plena y la posibilidad de crear realidad porque percibe e intuye el movimiento sutil y los códigos secretos de la vida. 


***
Nuestra bruja interna es la que provoca que nos gusten los rituales y las tradiciones, quien nos lleva a meditar, orar, cargar un cuarzo, prender una vela o realizar un decreto. Nos conduce a una dimensión de plenitud cuando pisamos la tierra, contemplamos el fuego, nos sumergimos en el agua o nos exponemos al viento. Aparece en medio de la soledad, mirando la luna o cultivando plantas; nos hace sentir unión con la fuerza vital y nos da sentido de trascendencia.  De una manera u otra todas estamos conectadas con ella pero cuando la activamos conscientemente, su poder surge en todo su esplendor.    

La bruja en pleno ejercicio de su rol, sabe que las situaciones suceden conforme las Leyes Naturales del Cosmos y trabaja para aliarse con ellas y maniobrar a su favor. Conoce la importancia real de las cosas y no cae en trampas porque ha desarrollado la capacidad de mirar más allá. Es auténtica, se aleja de la convención social, sabe que tenerse a ella misma es suficiente, suelta los apegos materiales, emocionales y mentales porque comprende que todo forma parte de ciclos que se abren y cierran.

En los tiempos caóticos que corren, convocarla nos puede proporcionar refugio, respuestas y fuerza. Así que no esperes más y atrévete a subirte a la escoba. ¡El vuelo te encantará!



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